martes, 18 de enero de 2011

Capítulo 2.

Me sopló en la cara. Pestañeé, pero me pesaban los párpados, sentía como si sólo hubiese dormido una hora o menos.
-Buenos días, pequeña.
-¿Lucas?
-¿Si?
-Soy tres meses mayor que tú, sé que no es mucho, pero no me llames otra vez así.
Lucas se rió con dulzura.
-¿Sabes qué hora es, pequeña?
Bufé. Una vez más y acabaría con mi paciencia. No entiendo qué le ha dado a todo el mundo con llamarse así unos a otros. Giré la cabeza. No quería saberlo. Y estaba molesta. Quería seguir durmiendo.
-Son las dos del mediodía.
Me giré a mirarlo, él simplemente sonreía. Llevaba seis horas y media durmiendo. En el día del cumpleaños de mi prima Luz. En su casa, con mis amigos. Y había dormido abrazada a Lucas, pero eso era bastante normal. No como todo lo que ocurrió después. Era un día de verano. No, en realidad, era el día en el que, oficialmente, comenzaban mis vacaciones de verano después de un curso horriblemente largo. Pero no tenía ni idea de que todo comenzaría ese día y duraría un par de meses más. Ahora ya está acabado. Esta anotación mental es básicamente para recordarme que no hay vuelta atrás, que nada puede hacerme cambiar de opinión.

Nos sentamos a tomar tarta en la mesa del comedor, que tenía una enorme puerta corredera de cristal que dejaba ver todo el patio. Mi prima y Eva, mis dos mejores amigas, habían ido a por no sé qué cosa, y no estaban en casa. Estábamos sólo Lucas y yo.
-¿Lucas?
-¿Mmm?-preguntó con la boca llena de tarde de chocolate y galletas, que habíamos preparado el día anterior entre los cuatro.
-¿No crees que en de dormir abrazado a mi, deberías hacerlo de Luz?
Se atragantó con la galleta, aunque estaba bastante blandita.
-¿Por?
-Lucas, nos conocemos muy bien, sé desde hace tiempo, sé que ella te gusta.
-No sé de dónde te sacas esas ideas, Oli.
-Los dos sabemos que es verdad, aunque me lo niegues mil veces, sé cómo eres… y como es Luz.
-Supongamos, y digo supongamos-me mira a los ojos y levanta las cejas, intentando dejármelo claro-Que me gusta Luz, ¿tú crees que…?
-Pues claro que le gustas, Lucas.
Se quedó mirándome, y luego volvió sus ojos a la tarta, con una sonrisa. El primer día de verano parecía ponerse interesante. Un empujón más, y Lucas acabaría pidiéndole salir antes de irme a casa. Las rugido de las ruedas al pasar por encima de la grava nos advirtió de que venía alguien. En cuanto vimos el coche, ambos supimos quién era.
-¡Las notas!-exclamó, con cierto miedo, Lucas.
-¿Qué pasa?-pregunté después de tragar otro trozo de tarta.
-Se las tendré que dar…
-Es tu madre, no te va a comer, o por lo menos no delante de mí, ¿qué asignaturas te han caído?
Lucas me fulminó con la mirada.
-¿Das por hecho que es más de una?
-No, yo…
-Sólo química.
-Es difícil, lo entenderá.
El timbre sonó, y me levanté corriendo a abrir a la madre de Lucas. Ella entró, nos saludamos y se sentó con nosotros en la mesa.
-Lucas, ¿a qué no sabes con quién me he encontrado?
-Pues no, mamá-respondió él.
-Con la madre de Pablo, hemos estado hablando.
Se le abrieron los ojos como platos, pero yo no podía entender qué tenía de malo que hubiera hablado con la madre de un amigo suyo.
-¿Y sobre qué, exactamente?
-Tu suspenso en química, claro.
Se me escapó una carcajada que había intentado retener, sonó algo extraño. La madre de Lucas no se reía. Comí otro trozo de tarta, para pasar inadvertida, o por lo menos intentarlo.
-Ah, eso.
-Sí, eso.
Levantó las cejas, y sonreí. En eso se parecían bastante.

Luz y Eva entraron en casa con un par de bolsas del supermercado.
-¿Qué hacéis los dormilones?-preguntó Luz acercándose a Lucas por detrás. Él se dio la vuelta y sonrió.
-Esperaros, por supuesto.
Luz sonrió.
-¿Habéis desayunado mucho?-preguntó Eva mientras entraba en la cocina con las bolsas, le quité a Luz las suyas y la seguí hasta allí.
-Un trocito de tarta hace como una hora.
-Vale, hemos pensado en hacer una barbacoa.
-¿Ya?-pregunté tocándome el estómago, estaba llena de todo lo que habíamos comido la noche anterior.
-No, dentro de un rato, tampoco tenemos mucha prisa.
Empezamos a colocar las cosas, el silencio que hubo entre las dos era para ver si llegaba algún sonido desde el salón, pero parecía que ninguno de ellos estaba hablando o si lo hacían, la televisión no nos dejaba escucharles, al final me cansé del silencio.
-Ha venido la madre de Lucas-me reí.
-¿Si?-preguntó Eva sonriente-¿Qué ha pasado?
-Nada, venía a felicitar a Luz, pero como no estábais se ha ido a trabajar. Le ha echado una bronca a Lucas…
-¿Por?-frunció el ceño.
-Le ha quedado química.
-Cotillas-se escuchó la voz de Lucas desde el salón, me reí.
-Sólo estaba informado a Eva-respondí asomándome para mirar qué tal iba la cosa entre ellos dos. Estaban sentados en el sofá, bastante lejos el uno del otro. Puse los ojos en blanco, miré a Eva y negué con la cabeza-Hay que hacer algo.
Fue un susurro, para que sólo ella me escuchase, me hizo un gesto para que me fuera con ellos. Corrí hasta el sofá y me lancé encima de ellos, quedándose mi cara a pocos centímetros de los de Lucas.
-Oye, Luc, ¿has pensado lo que te he dicho?-pregunté en un susurro. El se sonrojó ligeramente. Negó con la cabeza-Pues es un buen momento.
Luz me fulminó con la mirada, sonreí inocentemente y me senté entre ellos. Luego me apoyé en Lucas. Mi prima me dio un codazo, y me puse recta, puse los ojos en blanco. Eva se asomó y nos miró mal a todos.
-¿Alguien puede echarme una mano?
-¡Voy!-respondo, pero antes de ponerme en pie, le digo a mi prima en un susurro-Todo tuyo.
Al levantarme, miró a mi prima y le guiño un ojo. Estas cosas me encantan, lo de emparejar a la gente, sobre todo cuando sabes que hacen muy buena pareja. Vamos, que Lucas y Luz están hechos el uno para el otro. Tal para cual. Eva sonrió.
-Gracias, Eva, ya he puesto demasiado nerviosa a mi prima…
-Ya, estaba observándoos.
Nos reímos.

sábado, 15 de enero de 2011

Capítulo 1.

Abro el cajón del escritorio y saco el cuaderno de tapas cuero y de color negro. Lo dejo encima del escritorio, me aparto. Lo miro de lejos. Me siento en la cama. Me apoyo en la pared, intentando decidirme a hacerlo. Ya va siendo hora. Pero no puedo. Me quedo en la cama, observándolo, cómo si se fuera a mover. Ante ese pensamiento pongo los ojos en blanco. Estoy quieta una media hora. Todavía tengo tiempo. Todo el día por delante. Me levanto otra vez, decidida.
-Ponle punto final, Olivia, va siendo hora-me doy ánimos a mi misma, suspiro. Me siento en el escritorio. Lo abro por la primera página. Miro la hoja, tiene líneas azules muy claritas, casi imperceptibles. Pienso que eso está bien, porque así no me doblaré. La cierro otra vez. Acaricio el cuero. Suspiro.
-Está bien, Oli-vuelvo a hablar sola, como tantas veces-Curso nuevo, vida nueva.
Para dejarlo todo atrás, debe estar en paz con mi pasado, finiquitar esta historia de una vez por todas. Me armo con un lapicero. Estoy decidida, aunque vacilo un poco antes de volver a abrir el cuaderno que me regaló. Que yodo haya acabado no significa que no pueda darle un uso más o menos decente. Por eso he decidido rellenar estas hojas con nuestra historia. Acabada, pero nuestra, sin duda alguna. Vuelvo a suspirar y abro el cuaderno. Escribo mi nombre y la fecha en la que lo empiezo con la esperanza de no abandonar este proyecto también. Y es en ese momento en el que, con desenfreno, comienzo a escribir, no sé cuantas horas estuve, pero debía quitarme cuanto antes esa espinita, que parecía no querer desaparecer. Debía acabar con esto ya. Cuanto antes, mejor.