sábado, 15 de enero de 2011

Capítulo 1.

Abro el cajón del escritorio y saco el cuaderno de tapas cuero y de color negro. Lo dejo encima del escritorio, me aparto. Lo miro de lejos. Me siento en la cama. Me apoyo en la pared, intentando decidirme a hacerlo. Ya va siendo hora. Pero no puedo. Me quedo en la cama, observándolo, cómo si se fuera a mover. Ante ese pensamiento pongo los ojos en blanco. Estoy quieta una media hora. Todavía tengo tiempo. Todo el día por delante. Me levanto otra vez, decidida.
-Ponle punto final, Olivia, va siendo hora-me doy ánimos a mi misma, suspiro. Me siento en el escritorio. Lo abro por la primera página. Miro la hoja, tiene líneas azules muy claritas, casi imperceptibles. Pienso que eso está bien, porque así no me doblaré. La cierro otra vez. Acaricio el cuero. Suspiro.
-Está bien, Oli-vuelvo a hablar sola, como tantas veces-Curso nuevo, vida nueva.
Para dejarlo todo atrás, debe estar en paz con mi pasado, finiquitar esta historia de una vez por todas. Me armo con un lapicero. Estoy decidida, aunque vacilo un poco antes de volver a abrir el cuaderno que me regaló. Que yodo haya acabado no significa que no pueda darle un uso más o menos decente. Por eso he decidido rellenar estas hojas con nuestra historia. Acabada, pero nuestra, sin duda alguna. Vuelvo a suspirar y abro el cuaderno. Escribo mi nombre y la fecha en la que lo empiezo con la esperanza de no abandonar este proyecto también. Y es en ese momento en el que, con desenfreno, comienzo a escribir, no sé cuantas horas estuve, pero debía quitarme cuanto antes esa espinita, que parecía no querer desaparecer. Debía acabar con esto ya. Cuanto antes, mejor.

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